Qué tal te fue en este día de las madres, ¿eh? Concédeme unos pocos minutos de tu día para contarte lo que representó el día de las madres para mí durante mucho tiempo.
Como mamá soltera durante más de 15 años (en realidad, nunca he sido una mamá casada), debo admitir que pasé más de una década no disfrutando del todo este día. Siempre había una sombra sobre esa fecha; una sombra de tristeza, nostalgia, abandono, fracaso. Una sensación de estar incompleta.
Creo que esto se debe, en parte, a que tenemos un concepto de la maternidad un tanto finito; un concepto no malo, pero sí finito; distorsionado y limitado por las circunstancias de esta tierra. Atado por la cadena de lo que debería ser y no es.
Esta definición un tanto incompleta de la maternidad, junto con mi pecado, contribuyó a que me sintiera así por demasiado tiempo. Me costaba quitar los ojos de mí; de MI situación, el rechazo y abandono que había sufrido YO, MIS sueños y planes no materializados, MI ideal no realizado.
¿Te has sentido así?
Es fácil olvidar que la maternidad, en realidad, involucra a más de 1 persona; no soy mamá para mi autocomplacencia. Soy mamá porque alguien más existe en este planeta. Soy mamá porque alguien más necesita que lo sea. Soy mamá porque Dios creó un alma más y me la dio a cultivar. Como puedes ver, en la maternidad hay más de una persona involucrada; por lo menos, hay 3: Dios, mamá y un hijo.
No es un título que me gané sólo porque se me abultó el vientre por un tiempo. Es una profesión, una carrera que se va construyendo todos los días, y es de por vida. Incluso si tu hijo ya no está más en esta tierra, sigues siendo mamá.
Ser mamá significa, en realidad, redefinir, detallar y complementar mi propósito existencial. No existo para tener un título social en esta vida; existo para servir a Dios y a los demás. La maternidad es el acto de servicio y cuidado por excelencia. Y existen una o más personitas que necesitan que yo entienda bien eso. Lo que ellos necesitan (aun sin saberlo) es una mamá en todo el sentido de la palabra.
Tus hijos no pondrán a un lado su necesidad de una mamá sólo porque estás soltera. Ellos solamente necesitan una mamá, y Dios te puso a ti, así como estás, ahí con ellos para serlo. Soy mamá independientemente de si estoy casada o no, de si tengo trabajo o no, de si soy rica o no, de si vivo en medio de la guerra o de la paz, de si vivo con una enfermedad o estoy sana; soy mamá lo haya buscado ser, o no, me hayan abandonado o no.
Soy mamá porque resulta que a Dios se le dio (perdona la expresión) la divina gana de que yo lo fuera, aun sabiendo en Su omnisciencia que iba a ser una mamá soltera y todas las demás circunstancias, carencias y errores alrededor de mi maternidad.
Estos son motivos suficientes para alegrarse, animarse y ponerse seria con el significado de la maternidad. Tengo un llamado de Dios muy particular, y necesito ponerme seria al respecto. Tengo que entregar a Dios todo mi dolor, sentido de abandono y rechazo porque necesito y quiero ser la mamá que refleje a Dios lo mejor posible y apunte a mis hijos lo mejor posible a Él. O por lo menos, no ser tropiezo para ellos.
Resulta que en ese proceso de entregarle tu dolor a tu Señor buscando que tus hijos tengan una mamá que los apunte a Él, Dios se va a encargar de sanar tus heridas, tu autoestima, tu perspectiva de vida. La más beneficiada buscando ser una buena mamá, vas a ser tú.
No sé si tal vez estés pasando por una etapa parecida a la que yo pasé. Pero te invito, te animo, a que desenganches tus ojos de tu situación y tus circunstancias y los pongas en Aquel que sabía todo de antemano y aun así dijo: “Que sea hecho”. A que recuerdes que la maternidad perfecta no necesita de un marido que te valide, ni de la aceptación de otros. Tu maternidad sólo necesita de la presencia de Aquel que te llamó a este servicio. Sólo necesita de un corazón que recuerde que existimos para servir a Dios y a los otros; de un corazón que descanse en la verdad de que Él sabe de qué tienes necesidad y tiene cuidado de ti.
Te animo a que te goces y disfrutes no nada más cada día de las madres, sino cada día desde el día uno de tu maternidad, asombrándote por la oportunidad que Dios te ha regalado de ver en primera fila el amor que Él tiene para cada una de esas personitas que te llaman “mamá”, viendo cómo es fiel aun en las circunstancias más adversas, alabándolo por ver cómo te va dotando de todo lo que necesitas para ejercer el llamado que te hizo desde que concebiste.
Porque, que tengas un feliz día de las madres sólo depende de lo que Él ya hizo por ti, de lo que Él ya te amó y te ama, de lo que Él ya consiguió para ti y de que tú lo creas y descanses caminando en la verdad.
¡Ten un feliz día de las mamás todos los días!
Con todo mi cariño y consideración,
Aimée
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