Paz en nuestros tiempos

Paz en nuestros tiempos
10 de Mayo 2020

“Paz en nuestros tiempos” Una frase que dio la vuelta al mundo y ha trascendido generaciones. Una expresión que se hiciera famosa cuando el, en ese entonces, primer ministro del Reino Unido, Neville Chamberlain, bajara del avión después de (según él) haber llegado a un acuerdo con Adolf Hitler y lo anunciara. “Paz en nuestros tiempos” proclamaba el mandatario, y esas palabras ocuparon la primera plana de los periódicos más importantes del mundo ese día. Todos sabemos lo que pasó después. No hubo tal paz, el Führer obviamente no cumplió nada, fue una vil artimaña y a menos de un año de esta magna proclamación Alemania estaba invadiendo Polonia y, así, la Segunda Guerra Mundial estallaba. La “paz” no pasó más allá del aliento del hombre que la pronunciaba y de la tinta en los periódicos de ese día.

Paz, una palabra muy pequeña pero muy profunda. Algo que todos buscamos. Un deseo que pedimos cada que termina un año e inicia otro; un saludo; un anhelo; un estado al que aspiramos llegar.

Pero pareciera que la paz se nos esconde y es casi una utopía, un cuento de hadas, algo que alguien alguna vez contó que existía; pareciera que la paz la podríamos encontrar en el pasillo de las fantasías, al lado de los unicornios y entre los dragones y las ollas llenas de oro al final del arcoiris, en el supermercado de los buenos deseos y las ilusiones.

Te pregunto: ¿Tú has tenido paz alguna vez? ¿Tienes paz en este momento? ¿La has visto? ¿Sabes a qué huele? ¿Sabes cómo se siente? ¿Sabes reconocer las imitaciones baratas de la paz cuando se presentan en tu vida?

La Palabra de Dios está llena de mensajes sobre la paz; es EL mensaje de la paz. Es la Palabra la que nos dice qué es en realidad la paz y cómo es que podemos tenerla, vivirla. Me gustaría enumerar a continuación algunas de las características de la paz que veo en la Palabra.

Primeramente, podríamos señalar que la paz es un regalo de Dios. Yo no puedo “alcanzarla” buscando en Youtube videos de: 45 horas ininterrumpidas de música para relajarse, ni tampoco la hallo haciendo 4 horas de yoga, ni poniendo mi mente en blanco (si es que alguien realmente puede), ni tomándome medio frasco de alguna píldora “mágica” para la ansiedad, ni dándome un masaje de piedras calientes por dos horas (que por cierto, sí me gustaría probar uno de esos alguna vez). No, la paz, no la puedo comprar, no puedo hacer determinadas acciones o ritos para alcanzarla. La paz es un regalo, es un don de Dios.

En segundo lugar, quiero decirte que la paz es una persona. Uno de los nombres de Jesús es: Príncipe de Paz. Si te interesa el tema de los “royals”, sabrás que algo que los distingue son sus títulos nobiliarios, que aunque hoy en día son más protocolarios que otra cosa, en la antigüedad sí eran efectivos, y el título nobiliario marcaba sobre qué tierras esa persona tenía dominio y autoridad. Cuando la Biblia dice que Jesús es el Príncipe de Paz, quiere decir que él es dueño, amo y señor de la Paz. Cualquiera que viva bajo su señorío, habitará en las tierras fértiles de la paz.

Tercero: la paz no depende de las circunstancias de mi vida y de mi entorno. No depende de cuánto tengas en tu cuenta de banco (si es que la tienes, como no es mi caso). O de si todavía cuentas con un trabajo o ya lo has perdido. Tampoco depende de si estás en el hospital luchando por tu vida o si gozas de una salud envidiable. Menos depende de la estabilidad de tus relaciones; estos días de encierro estoy casi segura de que, a menos que vivas sola, la “paz” en tus relaciones familiares o con los que vives ha estado pendiendo de un hilo constantemente. No depende de si el mundo está convulsionando violentamente o no. Sólo recordemos que Jesús dormía, literalmente, mientras había una tormenta, también literal, sobre él; y no, no es que tuviera el sueño pesado, es que estaba poniéndonos un ejemplo sumamente práctico de lo que significa confiar en el Padre en medio de días grises y aguas agitadas.

En cuarto lugar, la paz no es un momento, o un minuto; es un estado mental, espiritual, emocional y hasta físico, que puede ser permanente. Su permanencia dependerá de cuántas pausas hagas en tu caminar con Dios, o qué tanto “viajes” a territorios fuera de las “tierras de paz” de Cristo.

Como quinto, y último que mencionaré, la paz es activa. Es decir, la paz no sólo es interior, sino que se ve; los demás la pueden ver e incluso se pueden beneficiar de nuestra paz. Cuando tenemos la paz de Dios y permanecemos en ella, es como si unas cadenas que te impedían bendecir a otros ahora se hubieran caído de tus manos, pies, boca, mente y corazón; el temor ya no te ata más. La paz te permite pensar en los demás y en sus necesidades aunque tus problemas parezcan (o realmente sean) mucho mayores que los de ellos. Cuando tienes paz no te guardas una sonrisa, una broma, una caricia, una llamada, un pastel para tu vecina, una moneda para el indigente, una oración, unas lágrimas por el dolor de alguien más, una palabra de ánimo, porque la paz proviene de la seguridad de que tu Padre está al control de todo y te ama, y que es Él el que te suple absolutamente de todo, material e inmaterial. Creo firmemente que la paz es muy amiga del gozo, porque puedes darte por completo y aún así estar feliz y satisfecha.

Ahora te pregunto, amiga, ¿dónde estás buscando paz? Estos días estamos viendo y viviendo confusión, caos, dolor, imprudencia, desconsideración, temor, mentiras, falta de amor, porque la “paz” de muchos se fue, se esfumó. El mundo tenía su “paz” cimentada en el trabajo, en el dinero, en las diversiones y distracciones, en la salud y estar en forma, en los proyectos, en que nadie interrumpiera el ritmo de los planes propios, en la fiesta, en los placeres, en el aquí y ahora, en estar y seguir con vida; imitaciones huecas, falsas y peligrosas de la verdadera paz. Pero Dios ha permitido que todo eso fuera trastocado. ¿Para qué? ¿Con qué propósito? Bueno, por lo que nos deja ver el Señor, para varias razones, a decir verdad. El Señor empieza limpiando por su casa, así que te diré que una de las razones que tomaré para aplicarla a este texto es que estos tiempos tienen el propósito de ser una prueba de autenticidad a nuestra paz personal.

Amiga, hermosa, no imites el error de Neville Chamberlain al negociar tu paz con el enemigo. Porque lo que tu enemigo quiere es que efectivamente andes por la vida pensando que has obtenido paz, cuando en realidad sólo tienes la copia barata de la paz sobrenatural y divina que está por encima de todas las circunstancias, de esa paz que está firmemente anclada y no puede ser arrancada del amor de Dios por ti, de lo prometido para ti por la fe en la obra de Cristo y del poder del Espíritu Santo anidando en ti.

Me voy a permitir compartirte lo que Dios me ha guiado a hacer a lo largo de mi vida y más intensamente los últimos años. Esto es lo que dice la Palabra que hay que hacer:

  • Permanece pensando en lo que Dios te ha enseñado a través de Su Palabra; piensa en ello una y otra vez; cuando estés lavando trastes, cuando estés barriendo, ¡vamos, hasta cuando estés en el baño!
  • En lugar del pensamiento triste, vano, negativo, de decepción, frustración o queja que está a punto de pasar por tu cabeza, reemplázalo con la Palabra de Dios.
  • Trata de aprender más Palabra de Dios.
  • Platícale a Dios todos tus sentimientos y pensamientos; llévalos delante de Él, aún los que sean (a tu parecer) inapropiados para mencionarlos en una oración a Dios; Él ya los sabe, pero el decírselos transforma tu mente y tu corazón.
  • Aférrate a Sus promesas con todo lo que eres.
  • Créele.
  • Recuerda todo lo que Dios ha hecho por ti en el pasado. Recuerda lo que Dios ha hecho por otros en el pasado.
  • Alábalo, siempre.
  • Agradécele, siempre.

Al final de esta carta te dejo algunos versículos que son base y ancla de la paz de Dios; medita en ellos; memorízalos.

Hermosa amiga, ten paz en nuestros tiempos, ten paz en estos tiempos, ten paz en todo tiempo.


Con cariño y rogando por ti,

Aimée


Isaías 26:3 Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

Filipenses 4:4-5 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

Filipenses 4:6-9 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.

Juan 14:26-27 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Juan 16:33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Suscríbete a nuestro boletín

Obtenga actualizaciones y más. Suscríbase a nuestro boletín.


Los datos personales que nos proporcione se usarán solo para procesar su suscripción. No los transmitiremos a terceros. Aviso de privacidad

21 de Abril 2026
Imagínate que el Rey se revele a ti y te haga una pregunta muy generosa: ¿Qué es lo que quieres? ¡Pídeme, y yo te lo daré!”. Pues esta oferta...
11 de Mayo 2025
Qué tal te fue en este día de las madres, ¿eh? Concédeme unos pocos minutos de tu día para contarte lo que representó el día de las madres para...
26 de Enero 2025
Por fin me puedo sentar a empezar a liberar de mi corazón todas las palabras que tengo para ti y ponerlas en ideas más o menos comprensibles.   Un poco más de un...