¡Hola, querida lectora y amiga! Disculpa que no hemos podido escribirte en días anteriores, pero como a ti también seguramente te estará sucediendo, estas últimas semanas la vida se ha vuleto un tanto más compleja de lo que ya es, y todos estamos tratando de adaptarnos a nuestra nueva realidad. Pero son tiempos en los que queremos estar más cerca de ti que nunca, porque la vida se ha vuelto un tanto atemorizante e incierta, y sabemos que seguramente se presentarán dudas, temores, interrogantes y toda clase de emociones en tu corazón. Así que te invitamos a que leas las próximas cartas que estaremos enviándote. Estamos convencidas de que más que nunca necesitamos escuchar y leer lo que Dios tiene para decir y mostrar.
La verdad es que estos días que nos está tocando vivir son tiempos en los que Dios está hablando más que nunca, y ¡¿Cómo no escuchar?! ¡¿Cómo no responder?! Bueno, no es que Dios no haya hablado antes; de hecho, Él siempre está hablando, pero somos nosotros los que hemos estado demasiado ocupados, demasiado cómodos, demasiado seguros, demasiado autosufcientes para escuchar o para darle la importancia a lo que Dios dice.
¡Cuánto se han cimbrado nuestras vidas estos días! Nos ha enfrentado con lo pequeños e impotentes que somos, y en paralelo, las verdades trascendentales, las eternas, están haciéndose más visibles y palpables que nunca.
Así que hemos decidido empezar a escribirte respecto a lo que Dios nos va mostrando en estos días de vulnerabilidad y fragilidad. Queremos hacer una radiografía espiritual de esta pandemia y la crisis que ha traído; porque hay tantas lecciones eternas, verdades espirituales que están floreciendo en esta tierra árida por la que estamos atravesando. Son días invaluables, que hay que aprovechar al máximo; días en las que se nos está dando la oportunidad de no tener más refugio que Dios.
Es verdad que Dios siempre está actuando, mostrando Su Reino y haciendo cosas maravillosas por aquí y por allá. Pero, esto que está pasando tiene pocos precedentes en la historia de la humanidad. Que todo el planeta entero esté al mismo tiempo bajo temor, crisis, angustia y desesperación por la misma causa, nos hace pensar que esta crisis mundial es una especie de cometa Halley espiritual, y no sabemos cuándo pasará por nuestras vidas otra oportunidad como ésta para ver la esencia y presencia de Dios y de Su Reino tan de cerca, tan real y vivo en esta Tierra, en esta humanidad, en nuestras vidas.
Parafraseando a uno de los mejores predicadores que ha habido, C. H. Spurgeon: Las promesas de Dios son como estrellas, y las estrellas brillan más cuando el Sol se va y la oscuridad con su frío llega; así que vete, Sol, porque así las promesas de nuestro Dios se hacen más reales en nuestra vida.
Así que te invitamos a estar pendiente de nuestras próximas cartas. Estamos seguras que Dios levantará tu ánimo y corazón.
Estamos orando por ti y por tu familia. Te amamos,
Fiorenza y Aimée.
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