Escribo esta carta en pleno mes de febrero. ¡Oh sí! ese mes donde empiezan a aparecer los globos y stickers de corazones por cada comercio por el que uno pasa, ese mes donde todas las ofertas vienen en par y esa época en la que los que no tenemos pareja podemos sentirnos un tanto fuera de lugar; es en estos días en los que se hace más visible ese tema que, de una u otra forma, constantemente toca la puerta en la mente y emociones de todos los seres humanos: “el amor”. Este “Día del amor” son las 24 horas en las que ese clima romántico del que estoy hablando tiene su mayor expresión, pero la verdad es que los 365 días del año la humanidad vive en una constante búsqueda de romance y amor. Pareciera que estamos enamorados del “amor”.
Y es que, ¿te has fijado? Las películas, las series y programas de televisión, las canciones, la moda, los anuncios comerciales, en fin, pareciera que todo en esta vida te grita que debes enamorarte y que alguien (o más de uno, si es posible) se debe enamorar de ti. Incluso nuestras pláticas con amigos o familiares son en gran parte sobre las relaciones sentimentales, ya sean propias o ajenas. Pareciera que hay una obsesión en la humanidad por la búsqueda y el hallazgo del amor.
Entre tantos globos de corazón y mensajes color rosa, si un extraterrestre llegara a esta tierra pensaría que todo lo que va a encontrar aquí son risas, armonía y gente feliz con corazones en los ojos (sí, ya sé, los extraterrestres no existen). Pero creo que el extraterrestre, después de pasearse unos días por esta tierra sufriría, al igual que nos ha pasado a muchos de nosotros, una gran decepción y confusión, porque sabemos que la realidad de la humanidad es todo lo opuesto a lo que pregonamos de ese mito idealizado que tenemos sobre el amor.
¿Por qué entonces, si todo mundo está buscando el amor, la realidad de la humanidad, es más, nuestra realidad individual dista mucho de ese “...y vivieron felices para siempre” que siempre existe en nuestras mentes? Pareciera que ese final feliz para nuestra película es un espejismo en el desierto, y creemos que a la siguiente relación por fin lo vamos a alcanzar, pero después termina siendo más de lo mismo. Sólo basta con echar un vistazo a nuestro alrededor para ver evidencia de lo que te estoy mencionando: matrimonios que cada vez duran menos, matrimonios que aunque ya lleven mucho tiempo de casados no están viviendo felices para siempre como pensaron, mamás solteras surgiendo a borbotones por todos lados, hombres y mujeres abandonando cónyuges e hijos, gente que cada vez más busca otras alternativas al matrimonio instituido por Dios, hombres y mujeres brincando fugaz y rápidamente de una relación a otra, personas que han decidido aislarse emocionalmente de todo ser humano debido a tantas decepciones amorosas que han recibido e incluso algunos otros que prefieren volcar sus sentimientos en animalitos o en algo más. Al final todo se resume en: Corazones rotos y que rompen a otros.
Tal vez, después de leer hasta aquí estés pensando: "Y, entonces ¿eso es todo? Tu carta me desanima más de lo que pensé que me animaría, Aimée. Sinceramente es un tanto deprimente; es cruel que esto sea así, ¡estoy condenada a vivir atrapada en este bucle sin fin de búsqueda de romance hasta que muera!" Bueno, amiga, lo sé, sé que es un tanto deprimente darse cuenta de esto. Pero que el que ésta sea la realidad para muchos, no significa que no haya un lugar igual de real para el contentamiento y la paz. Te aseguro y doy mi palabra que sí existe ese lugar. Sigue leyendo, te prometo que hay un final feliz.
Desenmarañemos esto y entendamos por qué pasa esto con los corazones humanos. Bueno, el asunto es que estamos en esta carrera frenética por el amor porque fuimos diseñados para amar y ser amados; hay un hueco en el rompecabezas de nuestra vida que tiene la forma del amor, y es la única pieza que puede encajar ahí. Pero al mismo tiempo existe otra condicionante en nosotros: tenemos una naturaleza caída; estamos rotos desde antes de que alguien más nos rompiera el corazón; estamos rotos por nuestro propio pecado desde el día uno de nuestra existencia y, encima, cuando nacemos llegamos a un entorno roto, en el que vemos y aprendemos muchos patrones de reacciones, pensamientos y acciones equivocados. Por lo tanto, tenemos un concepto distorsionado de lo que es y debería ser el amor.
En primer lugar, en esta percepción equivocada que se empieza a formar en nuestras mentes desde que somos pequeños acerca del amor, empezamos a creer que el amor es un lugar al que se llega, es decir, creemos que el amor es un destino, en donde una vez que uno llega ahí ya no habrá más sufrimiento ni problemas y todo será felicidad, en donde una vez que lo alcancemos entonces sí iniciará nuestra vida; el famoso: ... y vivieron felices para siempre; es más, muchos libros y películas terminan ahí, y dan la sensación al lector o espectador de que una vez que los personajes principales encontraron el amor, el libro se cierra y ya no hay más que contar, llegaron a su destino.
En segundo lugar, además de que pensamos que el amor es un destino, también pensamos que el que no encuentra esa fortuna en su camino vive incompleto y triste por el resto de su vida. Tenemos la impresión de que alguien que no tiene pareja es digno de compasión. Realmente muchos creen que no puede haber felicidad sin pareja, por lo tanto, estar solo no es una opción para ellos y van de relación en relación, o piensan que realmente hay algo mal con ellos y por ese motivo no encuentran a alguien que los ame.
Para terminarla de enredar, creemos que el amor es una situación en donde el ser feliz es el objetivo; nuestra propia felicidad, placer, bienestar y la exaltación a nuestra persona es lo que pretendemos encontrar a través de una relación sentimental.
Hay otras características equivocadas que forman parte de nuestra descripción del amor, pero lo dejaré aquí para poder avanzar. Como puedes ver, lo que tenemos en nuestras mentes como definición de amor, es una mezcla explosiva de puro veneno de irrealidad y egoísmo. La verdad es que estamos buscando nuestra identidad en las relaciones sentimentales que iniciamos; al final es un acto desesperado de gritar en silencio: “¡Necesito que alguien me ame! ¡Necesito sentir que a alguien le importo! ¡Quiero sentirme deseada! ¡Quiero sentirme valiosa! ¡Quiero que mi vida tenga significado!”
Pero, mi querida amiga, el amor, el amor verdadero, es algo tan sublime y tan esencial para el ser humano que no podemos ir por la vida “jugando” a amar. ¿Has visto a los niños cuando juegan a ser astronauta, o doctor, o policía? Se ven adorables, ¿cierto? Pero en realidad no están viajando a bordo de un transbordador espacial, ni están operando a nadie, ni están persiguiendo a un ladrón de verdad; ellos no saben ni están conscientes de lo que se necesita saber ni hacer para en verdad realizar alguna de esas actividades; ellos simplemente creen que así es y así elaboran su juego. Y lo cierto es que, antes de entender la verdad sobre lo que en realidad representa y significa el amor de pareja, nosotros también jugamos a amar; no estamos conscientes de lo que requiere el amar en realidad y de la esencia y el propósito del amor. Sólo queremos tener una cita romántica, que nuestro cabello flote con el viento hacia el atardecer y que nos digan los maravillosos que somos y el por qué la otra persona quiere estar junto a nosotros; ¡esto es una visión distorsionada e incompleta del amor! Y bueno, los niños se ven adorables y simpáticos cuando juegan a ser grandes, pero la verdad es que todas las veces que jugué a amar no me veía de esa forma.
Te diré por qué es una perspectiva tan corta del amor la que la mayoría de las personas tiene. Probablemente ya lo sabías o lo habías oído antes, aunque tal vez no lo relacionas con este aspecto sentimental de tu vida, pero el tipo de amor del que estamos hablando aquí (hay varios tipos de amor) es aquel que fue creado para representar un amor mucho más excelso que cualquier otro: el amor de Jesucristo por la Iglesia. ¡Nada más imagínate que Jesús fuera de "Iglesia" en "Iglesia" para encontrar a alguien que lo hiciera sentir bien! ¡O que la Iglesia fuera de “Salvador” en “Salvador” porque no se siente lo suficientemente amada! Como que no, ¿verdad? Pues, cuando vamos de relación en relación estamos representando la relación de Jesús con la Iglesia de esa forma tan absurda e incoherente; es como si estuviéramos haciendo una parodia o comedia de ese amor tan majestuoso entre Cristo y Su Novia. Estamos jugando a amar.
Cuando Dios trajo a mi corazón la convicción sobre esta verdad, empecé a ver cualquier posibilidad de relación de pareja con ojos mucho más cautelosos, porque ahora sabía, entendía y creía que si yo me embarcaba en una relación, no podía ser un juego de a ver qué pasa; ahora veía con mucho respeto lo que significa una relación sentimental entre un hombre y una mujer, porque ahora entendía que si yo lo hacía tendría la gran responsabilidad de hacer una representación digna del amor que hay entre Cristo y Su amada.
Y tal vez te estés preguntando por qué es que te digo todo esto. Sé que me estoy arriesgando a que parezca el discurso de una mujer amargada por el “desamor”, pero la verdad es que nunca he estado más despierta, clara, feliz y satisfecha con mi vida. Durante muchos años (prácticamente desde mi adolescencia, o incluso tal vez desde mi niñez) crecí y viví con una perspectiva falsa del amor, que a su vez me llevó a tener expectativas falsas, que a su vez traté de alcanzar por métodos equivocados y que sólo me trajeron tristeza, dolor y problemas. Es más, sé que se escuchará fuerte y radical, pero sé que es así en mi caso particular: soy mamá soltera por buscar el “amor” en las personas, de las formas y en los lugares equivocados.
No me malentiendas por favor, las puestas de sol al lado del ser amado, las cenas románticas, las flores, los halagos, el cortejo, no son malos, en absoluto, es más, todo eso es bueno y maravilloso, porque son representaciones materiales, físicas, de cómo Dios nos corteja y busca momentos a solas y de intimidad con nosotros. Pero el amor de Dios es mucho, mucho, mucho más profundo y eternamente duradero que el que nosotros estamos dispuestos a dar en las relaciones que buscamos para darle sentido a nuestras vidas. Dios no está enamorado del amor, o de sí mismo; Dios no está jugando a amar. Dios te ama con todo lo que es y tiene, aún cuando no te lo mereces, aún cuando estás sin bañar y tienes mal aliento, aún cuando tu cabello se ve espantoso (o, como yo, tu cabello se está cayendo a puños), aún cuando estás de malhumor y haces y dices tonterías, aún cuando no tienes un centavo partido por la mitad, aún cuando no te ves como la modelo del anuncio de televisión, aún cuando te sientes (o eres) incompetente en algo. Para Dios eres maravillosa, aún cuando no hay "aire romántico" flotando alrededor y ha sido un "mal" día.
Por eso, cuando decidimos iniciar una relación sentimental por los motivos incorrectos y, además, con una persona que también está ahí por los motivos incorrectos, estamos escribiendo la crónica de una muerte anunciada.
Le puse estos dos títulos a este texto porque encontré que ambos van de la mano; y es que cuando estamos enamorados del “amor”, jugaremos a "amar".
Amiga querida, te invito a buscar tu identidad en Dios, porque Él fue quien te creó, en Su diccionario está la definición de quién tú eres. No busques más tu valía en la admiración, palabras, sentimientos o emociones que alguien más puede tener por ti; no la busques en qué tantos están enamorados de ti o en si estás en una relación romántica o no. Defínete por lo que Él dice de ti, piensa de ti, siente por ti. Mira con respeto y asombro el amor que Dios creó entre un hombre y una mujer. Enamórate de Él y no juegues a amar, sino vuélvete una aprendiz del Maestro que inventó el amor.
Con toda mi consideración y cariño
Aimée
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