¿A ti, qué?

¿A ti, qué?
27 de Mayo 2023

No sé si te ha pasado a ti, pero a lo largo de los años que he leído la Biblia me he encontrado con algunas frases o narraciones que, de primera instancia, me parecieron un tanto incómodas, fuera de lugar y confusas. Muchas de ellas se han esclarecido en mi mente al preguntarle a personas con más "kilometraje" en su caminar con Dios; las otras, el Señor me las ha aclarado al platicar con Él.

Una de esas frases que durante años me pareció un poco "ruda" por parte de Jesús, es la que encontramos en Juan 21:22. Tal vez la frase te sea conocida: "¿A ti, qué? Tú, sígueme".

Si no estás muy familiarizada con el contexto del pasaje en el que se da la frase, te lo cuento brevemente (Juan capítulo 21):

Jesús tenía varios días de haber resucitado y ya había aparecido en dos ocasiones a sus discípulos. Una mañana, después de que algunos de estos discípulos habían estado toda la noche intentando pescar algo, y sin haber tenido buenos resultados, Jesús se aparece a ellos en la playa. Estando ellos aún en la barca, Él les dice que vuelvan a echar la red y, en el acto, ésta se rebosa de peces. Ellos recapacitan que es Jesús quien está en la playa hablándoles y, enseguida, Pedro, en un acto de emoción desbordante (como era su costumbre), se echa al mar y avanza hacia la playa donde estaba Jesús, mientras que los demás discípulos que estaban en la barca tuvieron que arrastrar a tierra la red rebosante de peces. Después de preparar los peces y comer, Jesús le pregunta a Pedro que si lo ama más que los demás; obviamente Pedro contesta inmediatamente con un fuerte y claro: "¡Sí, por supuesto, tú lo sabes!" Jesús le vuelve a preguntar lo mismo dos veces más, por lo que Pedro se entristece de que Él insista con esa pregunta. A cada respuesta de Pedro, Jesús le pide que, si lo ama, entonces cuide a Sus ovejas. Finalmente, Jesús le revela a Pedro cómo va a morir, y Pedro (aún sin entender nada de lo que le estaba diciendo Jesús, ni de por qué se lo estaba diciendo) enfoca su atención en lo que Dios tiene deparado para alguien más (Juan). A lo que Jesús le contesta -en términos de nuestra era-: "¿A ti, qué? Tú, sígueme".

Es con esta historia que termina el evangelio de Juan.

La verdad, es que muchas veces me identifico con Pedro, y ésta, no es la excepción. Me es muy fácil distraerme y detenerme a contemplar la historia de los demás.

Veo que mis amigos y conocidos en general, parecieran que tienen condiciones más favorables en su peregrinaje: que sus hijos tienen un entorno más estable y posibilidades, que tienen estabilidad económica, que pueden viajar, están felizmente casados, tienen éxito profesional y laboral o, simplemente, tienen autonomía en su tiempo, dinero y decisiones… Todas son cosas que yo no tengo o no puedo experimentar.

Cuando me enfoco en los "Juanes" de mi vida, mi respuesta desbordante de emoción, afirmando que amo a Jesús, empieza a carecer de sustancia y de madurez.

Enfocarme en los demás sólo ha traído desánimo, amargura y apatía en mi vida espiritual. El gozo se esfuma. Mi caminar con Dios se empieza a convertir en una especie de competencia y de medir qué tanto me ama Dios a mí y qué tanto ama a los demás, siendo mis ojos la vara de medición. Es como si quisiera asegurarme que soy una de las "favoritas" de Dios. Mi amor por Él empieza a perder su genuinidad, frescor y espontaneidad.

Además, mi relación con las otras personas comienza a marchitarse también, porque se contagia de lo mismo que le pasa a mi situación con Dios.

El verdadero veneno, lo verdaderamente peligroso de guiar mis pensamientos y sentimientos por lo que le pasa a otras personas, está en que pierdo la objetividad de QUIÉN es Dios y de Su santa naturaleza. Empiezo a cuestionar la santidad, el amor, la sabiduría y la perfección de Dios. Y, si tengo una imagen distorsionada de Dios, voy a tener una imagen distorsionada de mí y de la vida.

Olvido que Él es amor. Que soy especial para Él. Que me amó tanto que decidió crearme. Y encima, dio a Su Hijo a morir por mí para poder asegurarme un lugar junto a Él por la eternidad.

En Narnia, en el libro "El caballo y el muchacho", hay una frase de Aslan, precisamente, que siempre me ubica cuando ese espíritu "pedrezco" se quiere apoderar de mí. Shasta, el muchacho protagonista del título, le pregunta a Aslan por qué hirió a Aravis (una chica que viaja con ellos), y la respuesta de Aslan no me puede encantar más. Le dice: "Niño, te estoy contando tu historia, no la suya. A cada quien le cuento su propia historia, y ninguna otra". Es como si le dijera: "Ey, no te distraigas, te estoy hablando de lo que tenemos tú y yo".

No sé si Pedro lo supo, probablemente sí, pero Juan tampoco "la pasó" precisamente bien en los años posteriores a la muerte y resurrección de Cristo. La Biblia no se detiene en esos "detalles", pero los estudios en años posteriores sobre la vida de Juan sugieren que padeció muchísimo a causa del evangelio.

Estoy segura -porque la Biblia me da evidencia de eso- de que el amor y la mente de Pedro maduraron. Que el fiel Señor perfeccionó Su obra en él y que dejó de fijarse en la vida de los demás y fijó sus ojos, su mente y su corazón en el amor perfecto de Dios por él y, por lo tanto, pudo correr con paciencia la carrera que tenía por delante.

Amiga, hermosa, no permitas que las apariencias de lo que pasa en la vida de los demás te distraigan de tu propia historia con Dios. No entres en el terreno de poner en duda y cuestionar la santidad y el corazón de Dios. Él tiene pasión por ti. Tú eres Su pasión. Tu historia con Él es única, es irrepetible. Él es fiel, y los dolores por los que nos deja pasar, o incluso las heridas que Él mismo nos hace, son para algo mejor, más eterno, más importante que lo que nuestros ojos pueden ver y nuestra mente imaginar.

¿Ves cómo ahora el: "a ti, qué" de Jesús ya no suena insolente? Sino es la voz de tu entrenador a la orilla del de la carrera, enfocándote en el camino y en la meta.

Tal vez Dios te está preguntando también como le preguntó a Pedro: "¿(Pon tu nombre aquí) me amas más que los demás?" Si tu respuesta es un "¡SÍ!", entonces que tu acción congruente a esa respuesta sea que cuides y ames lo que Él ama, y no enfocarte en la historia de los demás.

 

Orando que Él afirme los pasos de tu carrera, con amor

Aimée

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